domingo, 22 de febrero de 2009

Cábalas euskaldunas

Las elecciones en Euskadi son un rara avis de la política española. Hasta siete formaciones pueden repartirse los 75 escaños del parlamento de Vitoria, según casi todas las encuestas. Esto hace diferente a un territorio relativamente pequeño pero extremadamente complejo desde el punto de vista sociopolítico. Además, esta cita electoral es especialmente importante. Primero, porque es la primera convocatoria que prohíbe la concurrencia de listas ligadas directamente con ETA y segundo, por lo interesante del duelo nacionalistas-constitucionalistas o Ibarretxe-López.

La ausencia de una formación cercana al entorno de Batasuna (con 9 diputados en la legislatura que termina) pone en liza un porcentaje importante de asientos que son la clave de la gobernabilidad vasca. El PNV nunca se ha visto tan al borde de perder la lehendakaritza y por eso intenta aglutinar todo el voto nacionalista en un bloque común, contando con partidos minoritarios como EA, EB o Aralar como aliados fieles en el pleno constitutivo. Sin embargo, el discurso de los dirigentes jeltzales no puede ser más moderado, aparcando la obsesión soberanista de estos cuatro años y lanzándose a por el electorado indeciso y poco movilizado, conscientes de que es allí donde se juegan la partida.

Por otro lado, el PSE vive un momento inédito en su historia. El paso de los 18 escaños actuales a los más que probables 26-29 hace soñar con el primer lehendakari socialista. Patxi López podría dar un giro a la política vasca más que inaudito.

De cualquier manera, la fragmentación política de la sociedad vasca no va a permitir que ninguno de los favoritos para habitar Ajuria Enea lo pueda hacer por sí solo, por lo que indirectamente se intenta imaginar una bipolaridad entre un bloque nacionalista y otro constitucionalista. El primero, compuesto por el PNV y sus aliados; el segundo, por el PSE, el PP y UPyD, que puede entrar en el hemiciclo de Gasteiz. Este es el panorama que se imaginan Basagoiti, Rosa Díez, Unai Ziarreta y Madrazo, pero todo hace presagiar que los dos grandes tienen otros planes.

López e Ibarretxe podrían reeditar el ya probado bipartito “de unidad nacional,” dejando de lado a sus a priori eventuales socios menores y asegurándose estabilidad en Vitoria y en Madrid. No cabe duda de que esta sería una victoria de Urkullu con la que Ibarretxe no se sentiría muy cómodo, pero no sorprendería en la medida de que PNV y PSOE son dos partidos que en la coyuntura económica y política actual se necesitan más que nunca.

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