sábado, 20 de noviembre de 2010

Cataluña y el sexo

Los que se presentaban como unos comicios más o menos apasionantes están resutando de lo más previsibles. La proliferación de partidos que acuden a las próximas elecciones del 28 de noviembre al Parlamento de Cataluña parecía que iba a ser el acicate de todo demócrata para ilusionarse por las urnas, pero nada más lejos de la realidad. Muchos candidatos, muchos partidos, muchos eslóganes, pero estimaciones de abstención por las nubes. Duras polémicas, lenguaje mitinero, intentos de movilización, pero cerca de la mitad de los catalanes siente que todo esto no va con ellos.



También es cierto que el resultado es tan obvio e irreconducible que deja poco márgen de maniobra. Un Montilla derrotado desde hace meses (por no decir desde el principio de su mandato) debe estar deseando que acabe este suplicio y poder volver a casa con esa mujer que tanto le quiere, como se encargó de demostrar en La Noria en un intento de humanización del candidato del PSC. En la otra orilla, Artur Mas se sabe ganador y no puede reprimirlo; por tanto, ve la campaña como un mero y pesado trámite para conseguir la presidencia de la Generalitat siete años después de intentarlo por primera vez.


Los demás simplemente buscan notoriedad. Esquerra y el PPC son como el tiburón de discoteca que busca ganar puntos a lo largo de la noche con la chica más popular del lugar de cara a llevársela a la cama cuando necesite cariño de última hora. Iniciativa, a lo suyo, a lo de siempre, siendo consciente de que solo mediante la hoy imposible fórmula del tripartito puede tocar poder. Ciudadanos, resurgiendo de sus cenizas cual ave fénix con un perseverante Albert Rivera, cada vez más introducido en la casta política catalana, para bien o para mal. Laporta (SI), Carretero (Reagrupament), Anglada (Plataforma por Cataluña) y Nebrera (Alternativa de Govern) buscando lo imposible desde posiciones políticas excesivamente personalistas. Antonio Robles, de UPyD, en una encrucijada al disputarse con Rivera un electorado muy pequeño.



Con esto, en una suerte de maniobra a la desesperada, los estrategas de varios partidos han decidido recurrir a algo que siempre funciona en la sociedad española: el sexo. Sí señores, somos así de simples, es decir la palabra orgasmo y las redes sociales y los medios en general se revolucionan. Por un lado, el vídeo de los socialistas catalanes asociando votar a Montilla con una experiencia sensorial sin igual. Por otro, la ex popular Nebrera (que le disputó la presidencia del PPC a Alicia Croft) en toalla y presumiendo de su noche loca en un hotel de lujo. Sin olvidarnos de la instensa implicación de la estrella de variedades María Lapiedra en la campaña de Laporta; una contrastada independentista que no dudó en posar desnuda con los colores de la bandera de España tras la victoria del mundial. Como colofón, la única e irrepetible Carmen de Mairena (número 2 en las listas del CORI) dando mítines en la universidad pública demostrando que ella sí se quita la toalla, y lo que haga falta.


Cataluña empieza a parecerse a Italia demasiado. Será el Mediterráneo. Y es que cuando se juntan la demagogia, el populismo, el oportunismo político y el hartazgo de los ciudadanos de su clase política, la democracia pierde su esencia y la sociedad civil se vuelve cada vez más apática y retraida. En estos casos, el refugio siempre acaba siendo el sexo. Pero un polvo de una noche nunca soluciona los problemas.

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