Suiza vota contra la construcción de minaretes en sus pueblos y ciudades. ¿Qué? Parece que sólo oímos de este país con fama de estar habitado por gente puntual cuando se producen extravagancias de este tipo. El asunto no es menor y aunque nos venga lejano e incluso frunzamos el ceño despreocupadamente al leer la noticia, tiene una lectura de un calado importante.
La influencia del Islam en Europa es creciente, de eso no cabe ninguna duda, aunque es algo de lo que los españoles nos damos cuenta ahora, con décadas de retraso de nuestros vecinos del norte por habernos incorporado tarde al hecho de recibir flujos migratorios (como a todo). Por otro lado, el fenómeno de la inmigración está salvando las exigencias de natalidad que requieren nuestras sociedades y esto va dejando huella lentamente. La multiculturalidad es un hecho, pero la integración y el diálogo intercultural un desiderátum. Seamos francos, queda mucho por hacer para ser capaces de absorber este nuevo fenómeno, pero las conclusiones que podemos obtener de aquellos países que nos sacan generaciones viviendo la llegada de inmigrantes no son nada halagüeñas para la convivencia.
El ascenso de los partidos xenófobos se está convirtiendo en una constante en la Europa más moderna y desarrollada. Valga como ejemplo el caso de Austria, donde un partido claramente racista es la tercera fuerza política, habiendo estado incluso en el Gobierno federal bajo la batuta del controvertido Jörg Haider. Lo mismo se puede predicar de la tendencia ultraderechista e intolerante de la política húngara o del éxito parcial de partidos nacionalistas y excluyentes en países como Holanda, Dinamarca e incluso Reino Unido, para muestra están los resultados de las últimas elecciones europeas. Por suerte en España aún no han florecido grupos xenófobos que sepan captar la atención y el voto de una gran parte de la sociedad, pero no dejemos de tocar madera.
El fenómeno suizo es especial por el hecho de no estar la Confederación Helvética dentro del aparato de la Unión Europea; no debemos olvidar que bastante menos le costó a Austria un toque de atención hace unos años por parte de Bruselas y el resto de estados miembros. Podemos verlo como anecdótico, circunstancial o pasajero, pero algo se está haciendo mal en la vieja Europa cuando un 57% de la población de un minúsculo estado alpino se planta contra el peregrino hecho de alzar más minaretes, incluso contra las recomendaciones de la mayoría de sus representantes políticos.

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